“Es la suma de coincidencias azarosas”

Pablo Rotemberg es la “mente maestra” detrás de “La Wagner”, obra argentina que se presentará en el Festival Internacional de Teatro “Santa Cruz de la Sierra” y que promete ser uno de los puntos altos del encuentro.

El bailarín y coreógrafo nos cuenta algunos detalles de su propuesta escénica y de las expectativas que tienen en torno a su llegada a nuestra ciudad.

¿Qué representa “La Wagner” para usted?
“La Wagner”, como la mayoría de mis trabajos, es la suma de una serie de intenciones premeditadas y coincidencias azarosas. El proceso de creación de la obra se remonta al 2013. Hacía tiempo que tenía ganas de trabajar sobre la música de Richard Wagner. Por un lado, por su deslumbrante calidad intrínseca; y, por el otro, por la polémica personalidad de su creador. Wagner es una de las figuras sobre las que más se ha escrito y debatido en Occidente, se lo ama o se lo odia, pero a nadie deja indiferente. Obra y vida se encuentran en su caso tan estrechamente entrelazadas que resulta difícil separar una de otra. ¿Cómo apreciar la maravilla de una música concebida por un ser, en muchos aspectos, absolutamente condenable? Me refiero específicamente al atroz antisemitismo de Wagner. Lo cual nos lleva a su asociación con el régimen nazi. Wagner murió mucho antes de que surgiera el nazismo, pero la apropiación que Hitler hizo de su música y figura, lo dejaron fatalmente ligado a este periodo de la historia.

¿Cuál era la idea original de la obra?
Aquí entra el azar: la idea del elenco original era de uno compuesto por hombres y mujeres. Por motivos personales, los varones no pudieron asistir al primer ensayo, y este aparente inconveniente fue en realidad una revelación. En ese primer encuentro, el esqueleto conceptual de la obra apareció ya con claridad. Sería una obra sobre el cuerpo de la mujer, una reflexión sobre la historia del cuerpo femenino, sobre cómo se lo percibe, cómo se lo violenta y sobre cómo este cuerpo se ha adaptado y responde a la ideología dominante. Y si el cuerpo – en este caso, el cuerpo de la mujer- es el objeto de nuestro interés, entonces es necesario que podamos verlo con absoluta transparencia y sin hipocresía. Por eso el desnudo: los cuerpos que vemos sobre el escenario son la cosa misma, en estado puro. Este era entonces el gran desafío: ¿cómo articular esta idea sobre la música de Wagner y su interminable cadena de asociaciones? Dicho de otro modo: ¿qué podría significar el contrapunto de esos cuerpos extáticos y atormentados sobre el fondo sobrenatural de la creación wagneriana?

¿Cuál es su expectativa por visitar nuestro país y participar en el Fitcruz?
Creo que “La Wagner” (al igual que la música de Richard Wagner, ¡pero salvando las insalvables distancias, claro está!) es una obra que no deja indiferente al espectador. Y si bien prefiero que el público aprecie mi trabajo, esta cualidad de la obra me parece sumamente atractiva. En los diferentes países donde nos hemos presentado hasta ahora (Brasil, España, Bélgica, Uruguay, por nombrar a algunos), la obra nunca ha pasado desapercibida y, por suerte, siempre hemos tenido un excelente recibimiento. Nunca he visitado Bolivia: ni como turista ni presentando mi trabajo. Por ello, aguardo con gran expectativa las presentaciones de la obra en el prestigioso FITCRUZ, y estoy muy contento de que hayamos sido seleccionados para participar del mismo.

 

 

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