“Las cartas del cabo”: es fácil morir para los hombres o…

“Las cartas del cabo”: es fácil morir para los hombres o…


  • Aquí reproducimos la crítica que el periodista Ricardo Bajo H. escribió sobre “Las cartas del cabo”. La obra, presentada por el elenco Proyecto Bufo y basada en el libro de Alejandro Molina , se presentará en el VIII Festival Internacional de Teatro “Santa Cruz de la Sierra”. Bajo desmenuza el libro y la puesta en escena en esta crítica escrita para el suplemento La Esquina del diario Cambio.

1.- El texto: “La guerra y la memoria no acaban nunca”, dice Doris Lessing, una de las pocas mujeres que han ganado el Nobel de Literatura, siempre tan machista. “Las cartas del cabo” de Alejandro Molina habla de eso: de guerra y de memoria. Interminables, como la guerra del Chaco, que vuelve sobre nosotros siempre.

“Las cartas del cabo” es un excelente libro (de dramaturgia, editado por La Hoguera), ganador el año pasado del premio noveles escritores, capítulo teatro. Y ahora que lo leo, vencedor con total justicia. Por fin, un premio y un jurado achuntan. Y de lo lindo. “Las cartas del cabo” son ocho cartas que mujeres de la retaguardia (las llamadas “madrinas de guerra”) leen, recuerdan o sueñan. Luego hay diez escenas más. Los personajes son: la Ma, la Pocha, la Flaca, la Nena, El, la Negra, dos “clowns”, soldados, el general, el capitán, el cocinero, el chofer, varios muertos y una banda de música que toca “Despedida de Tarija”. Y muchas soledades con sus pesadillas a cuestas. Es la guerra con ojos de mujer: “es fácil morir para los hombres. Morir sin patria, morir sin madre. Como un juego cruel de vanidad. Dejando el llanto para otros. Morir y matar sin pena. Si vuelvo a nacer, quiero ser hombre. Es fácil ser hombre y no esperar”, dice la Ma.

“Las cartas del cabo” tiene muchas virtudes: su ascetismo teatral, su sarcasmo antibelicista, su existencialismo interpelador, sus jodidos personajes, su espíritu libre, su humor salvaje a prueba de balas… Y una sorpresa agradable y bella: su poesía. “Escena 4: segunda carta. Voz en off: junio de 1932. ¿Qué día es hoy? Quién sabe. El infierno verde. El lugar más inhóspito. El Chaco es una blanca sed en el horizonte. Enormes pajonales donde el sol es implacable. No hay agua por ninguna parte. Un paisaje incurable de arboleda enferma. Destino de sequías, espejo del agua que no existe. Esta guerra es una lucha contra la naturaleza. Los soldados tienen más sed que odio. He venido a morir. Debes saberlo”. O la terrible escena penúltima, la 18.

“Las cartas del cabo” es un grito contra la guerra, contra todas las guerras. Y un canto a favor de la memoria, contra el olvido. Dice la Ma, en la escena 9, “está de moda olvidar”. La obra madura de Alejandro Molina es una señal, para no olvidar lo absurdo de las guerras entre pueblos hermanos por intereses bastardos, para ver y oler de nuevo a las mujeres de los soldados ignorados. “Tú me mataste”, increpa un paraguayo. “Yo no me maté, te mató la guerra”, responde un boliviano. Y en la oscuridad, los rezos, otra vez.

Dice Luis Bredow en el prólogo: “Las cartas del cabo quiere exponernos una guerra que, aunque no la vivimos, nos dejó huellas que llevamos sin sospechar que las cargamos. Para exorcizar esas huellas, un director-dramaturgo arrea los fantasmas que los actores traen y los pone en una secuencia. El texto se convierte en un espectáculo hecho con recuerdos de una guerra antigua que ninguno de nosotros combatió. Quizás evocando recuerdos que no tiene, el público tome consciencia del olvido, haga irrisión del poder y admita que hay cosas, que como la guerra, nunca tienen remedio”.

 

2.- La obra en escena: “Las cartas del cabo” sube a escena. Se estrena mundialmente en La Paz (en El Desnivel, de Sopocachi). Primer fìn de semana de abril. Luego viaja al Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz. En la puerta, el actor y anfitrión de El Desnivel, Christian Mercado me dice: “si te ha gustado el texto, la obra es mejor todavía”. ¿Será? Entradas agotadas para el primer día. El escenario, es como el libro, austero, minimalista. Hablan las sombras y los fantasmas. Las actrices –con trajes de época- son tres: Susy Arduz, Bilinka Céspedes y Gabriela Sandoval. Los hombres también son tres: Luis Bredow (que se dobla en el presidente Salamanca y el general alemán Hans Kundt), Carlos Ureña y Miguel Angel Estellano. Todos bajo la dirección del autor: Alejandro Molina, del colectivo Proyecto Bufo, nacido en Santa Cruz en 2009, hijos de la Escuela Nacional de Teatro de la misma ciudad.

Las cartas nos llevan a la retaguardia, el espacio de las mujeres “cansadas”, las mujeres que tratan de poner un rostro al olvido, las mujeres atrapadas en el recuerdo que va despareciendo. Una pasarela hace las veces de andén de la estación de las despedidas (y las mentiras) para más tarde convertirse en trinchera de racismo, canibalismo, odio absurdo, sed y muerte grotesca. Y al final, con escenas cambiadas de orden, las preguntas en la oscuridad de los prisioneros, espiando desde su celda, temiendo por su abandono y su olvido. ¿Alguien los escucha? ¿Alguien escucha a los soldados enloquecidos? ¿Y a las mujeres presas del recuerdo? La Ma nos responde a todos: está de moda olvidar. A nuestros fantasmas, los primeros.